Santiago es famosa por no pocos reclamos turísticos, pero hoy os traemos uno de los menos conocidos. Que además es perfecto para que os animéis a visitar la capital gallega durante el otoño. Por si aún estabais indecisos.
Y es que pocos turistas pueden presumir de saber que en el casco histórico de Compostela se puede visitar uno de los ejemplares más antiguos de un árbol que es en sí mismo un “fósil viviente”.
¿Aún no sabes a qué nos referimos? Sigue leyendo que te lo contamos.
Un manto que llena de color el otoño compostelano
Empecemos por el principio. Existe una especie de árbol, originaria de China y traída de oriente en el siglo XVIII para ornamentar los jardines europeos, con unas hojas que presentan una forma muy peculiar y muy característica.
Las hojas del ginkgo biloba tienen forma de abanico y se dividen en dos lóbulos simétricos. Hojas planas y anchas de apariencia delicada que, cada otoño, convierte a los ginkgos en uno de los elementos más característicos de los paisajes de la ciudad.
Te estarás preguntando por qué. En verano, las hojas son de color verde intenso, pero en torno al mes de noviembre se van coloreando de un fuerte amarillo. Un espectáculo impresionante que alcanza su máxima belleza durante la caída de las hojas. Es entonces cuando se forma en torno a estos árboles un singular manto de colores ocres y amarillos.
En Santiago puede observarse el fenómeno en distintas zonas de la ciudad: hay un ejemplar de 50 años de edad en la Universidad (Campus Sur) y otros más jóvenes en los parques de Eugenio Granell, la Almáciga o Belvís. Junto con la belleza de otras espacies, acaban creando hermosos paisajes de tonos rojizos, anaranjados y amarillos.
Nuestra recomendación es que los descubráis todos. Pero cuando de ginkgos se trata, hay uno que se vuelve un imperativo en el itinerario compostelano.

Una historia centenaria
En 1845, la Universidad de Santiago creó su primer Jardín Botánico. Este dato nos interesa porque apenas 15 años después se plantaba una pareja de ginkgos biloba que iban a conseguir llegar hasta nuestros días.
Uno de ellos, hembra que llegó a alcanzar los 27 metros, tuvo que ser cortado en 2017 después de que se viera afectada por un hongo que provocó que secara. El otro, el macho pues es común plantarlos por parejas, continúa en el jardín del Colegio de Fonseca y tiene la consideración de ser el más antiguo de España. Más de 140 años ha cumplido ya.
Su majestuosidad, con una altura que supera los 20 metros, y la belleza de sus hojas es innegable todo el año. Pero es en esta época, hacia mediados o finales de noviembre según las circunstancias meteorológicas del año, que empieza su momento de gloria. Sus hojas amarillas y el manto formado por las que ya han caído es un fuerte reclamo para ciudadanos y visitantes.
Y un último detalle que vuelve esta visita más espectacular y que os adelantábamos al principio de este post. Los ginkgos biloba, no este por ser centenario sino las especie en sí misma, son considerados “fósiles vivientes”. Su origen se remonta a más de 200 millones de años. Ya estaban aquí cuando los dinosaurios poblaron la tierra y han aparecido restos en fósiles del jurásico. Y lo más sorprendente, las hojas que se han encontrado en estos fósiles distan poco de las que a día de hoy podemos ver en sus copas. Es una especie de millones de años con muy pocos cambios; pero una gran fortaleza, última representante de la familia de los Ginkgoaceae.
