Se suele decir que Compostela nunca deja de sorprender. Y no solo por la majestuosidad de su Catedral o por el encanto de su casco histórico. Más allá de las calles monumentales, la ciudad esconde curiosidades arquitectónicas, obras de arte, rincones cargados de historia y espacios naturales que muchos visitantes pasan por alto.
Porque algunos de los secretos mejor guardados de Santiago no se encuentran entre las calles de la zona vieja, sino unos pasos más allá. Aquí os dejamos algunas de esas peculiaridades que no os vais a querer perder.
Las columnas que desafían al equilibrio
A pocos minutos del casco histórico se levanta la Colegiata de Santa María la Real de Sar, uno de los templos románicos más singulares de Galicia.
Quien entra por primera vez suele mirar dos veces. Sus columnas aparecen visiblemente inclinadas, como si desafiaran las leyes del equilibrio. Sin embargo, no se trata de un efecto visual. El paso de los siglos y el asentamiento del terreno provocaron este curioso desnivel que obligó a reforzar el edificio con grandes arbotantes exteriores.
Lejos de restarle valor, esta singularidad ha convertido a la colegiata en una de las construcciones más sorprendentes de Santiago, capaz de despertar la curiosidad de aquel que la visita.

La escalera imposible
Otro de los rincones más desconocidos de Compostela se encuentra en el Museo do Pobo Galego.
Su espectacular escalera helicoidal, diseñada por Domingo de Andrade en el siglo XVII, permite que tres personas puedan subir y bajar simultáneamente sin llegar a cruzarse. Una obra de ingeniería tan llamativa como elegante que se ha convertido en uno de los elementos arquitectónicos más fotografiados del museo. Y no es para menos ya que se trata de la única escalera triple helicoidal del mundo.
Al salir del edificio merece la pena detenerse en el Parque de Bonaval. Allí se conserva el antiguo cementerio de la ciudad, integrado hoy en el jardín como parte de su historia y convertido en uno de los rincones con más personalidad de Compostela.
El Chillida del Gaiás
Sin abandonar aún el Parque de Bonaval, nos encontramos con otro de los tesoros menos conocidos de la capital gallega. Y es que, la ciudad también guarda espacio para el arte contemporáneo.
En este parque se encuentra una de las obras menos conocidas del escultor Eduardo Chillida. Muchos visitantes recorren el complejo sin detenerse en ella, aunque su presencia dialoga con el paisaje y con la piedra, dos elementos inseparables de la identidad compostelana.
Es uno de esos rincones que demuestran que Santiago todavía es capaz de sorprender incluso a quienes creen conocerla bien.

Los secretos de la Alameda
Pocas zonas de Santiago son tan frecuentadas como la Alameda. Sin embargo, incluso quienes pasean por ella habitualmente desconocen algunas de las curiosidades que esconde.
Una de las más llamativas es el conocido Banco de los Susurros. Gracias a la forma curva de su respaldo de piedra, dos personas situadas en sus extremos pueden mantener una conversación en voz muy baja y escucharse perfectamente, pese a encontrarse a varios metros de distancia.
Muy cerca se encuentra también “La Perona”, el nombre con el que los compostelanos conocen al abeto plantado por Eva Perón durante su visita oficial a Santiago en 1947. Décadas después, continúa recordando uno de los episodios más curiosos de la historia reciente de la ciudad.
Arquitectura con firma
Santiago también alberga obras de algunos de los arquitectos más influyentes del siglo XX.
Uno de los ejemplos más singulares son las Torres Hejduk, diseñadas por el arquitecto estadounidense John Hejduk. Aunque hoy forman parte de la Ciudad de la Cultura, originalmente fueron concebidas para una localización muy diferente: el parque de Belvis, en el centro de la ciudad.
Años después, y como un homenaje póstumo a su colega de profesión, el también arquitecto estadounidense Peter Eisenman rescató los planos y colocó las torres en su proyecto de la Ciudad de la Cultura.
A escasa distancia del emplazamiento original de las torres, se encuentra otro edificio diseñado por el estudio John Hejduk, que no deja indiferente a quien lo contempla: el Centro Sociocultural A Trisca. El edificio destaca por la pureza de sus líneas y por la forma en que la piedra, el vidrio y la luz se integran con el entorno.
La obra, desarrollada en colaboración con el equipo de arquitectos formado por Antonio Sanmartín, Elena Cánovas y Leonardo Rietti, se concluyó tras la muerte del arquitecto neoyorkino.

El bosque que mira a Compostela
Muchos visitantes buscan la mejor panorámica de la Catedral desde el casco histórico. Sin embargo, una de las vistas más sorprendentes de la ciudad se encuentra al otro lado de Compostela.
El Bosque de Galicia, situado en el Monte Gaiás, ofrece una perspectiva completamente diferente del perfil urbano. Desde sus miradores pueden contemplarse las torres de la Catedral sobresaliendo entre los tejados y el verde que rodea la ciudad, una imagen que pocos esperan encontrar tan cerca del centro.
Quizá por ello siga siendo uno de los grandes secretos de Santiago. Un lugar perfecto que demuestra que Compostela siempre guarda un rincón más por descubrir.
Porque esa es, precisamente, una de las grandes virtudes de la capital gallega. Siempre hay una historia por descubrir, una curiosidad escondida o un lugar que pasa desapercibido a simple vista. Solo hace falta alejarse unos minutos del recorrido habitual para comprobar que, más allá del casco histórico, Compostela sigue siendo una ciudad llena de misterios y pequeños tesoros.
